Creo que lo mejor que puedo hacer es empezar presentándoos a mi tulipán antecesor:

Me cuenta la mujer que lo cultivó y lo estuvo cuidando que fue un tulipán ejemplar. Su flor duró alrededor de tres semanas y él, junto con otros amigos, estuvieron dando color durante más de un mes cuando despertó la primavera.
Los tulipanes somos así. Apenas se empieza a notar que el invierno nos abandona, y queremos alegrar el paisaje siendo los teloneros de la primavera, honor que compartimos con los narcisos, los jacintos y las freesías. Antes no, porque no resistimos tanto el frío. De hecho, a pesar de ser cultivados en otoño, no empezamos a asomar la cabeza hasta que llega el mes de enero o, incluso, febrero.
Ahora mismo, yo tengo este aspecto (junto con unos amigos):



Nuestro ciclo se repite de forma anual: Hay que cultivarnos en otoño. Hasta finales de noviembre aún hay tiempo, pero es mejor no retrasarlo demasiado. Se nos entierra con el ápice hacia arriba, a una profundidad de unos 8 centímetros. Si vamos a estar acompañados, entonces será conveniente dejar una separación de 10 centímetros entre uno y otro. Se nos va regando un poco semanalmente y a esperar. Ya a finales de enero - principios de febrero, empezamos a asomar la cabeza. Lo primero que salen son las hojas. El tallo con la flor es lo último en salir. Nuestra flor no dura mucho tiempo. Hay a quien sólo duramos dos días, llegando a un máximo de tres semanas. Cuando ha pasado este tiempo, nuestra flor empieza a perder las hojas, y cuando sólo quede el tallo, empezamos a secarnos. No es nada malo ni tiene por qué ser triste; es, sencillamente, la señal de que nuestro turno ha pasado y momento en el que se crea la reserva para las nuevas generaciones. Cuando estemos cerca de estar secos, habrá que desenterrar el bulbo y llevarlo a un sitio fresco para dejar que allí terminemos de secarnos (si esperas a que nos sequemos del todo, los bulbos podrían pudrirse y entonces nos perderías). Una vez secos del todo, tendrás que aislar los nuevos bulbos, limpiarlos, y dejarlos reposar en un sitio fresco y con sombra, preferentemente. Allí pasaremos el verano hasta que llegue el momento de ser plantados de nuevo.
En otoño llegará mi turno, junto con el de otros amigos tulipanes. Y queremos ofreceros un diario fotográfico de nuestro ciclo de vida, desde que somos plantados hasta que somos arrancados tras secarnos. Nuestro espíritu es muy generoso: si plantas un bulbo y lo cuidas bien, para la próxima temporada tendrás no uno, sino más ejemplares (nuestra cultivadora ha llegado a obtener seis bulbos de uno inicial que plantó).
Para que no se me tache de egocéntrico, de vez en cuando compartiré cartel con mis compañeros de temporada. No me importa, sé que soy la flor más bonita de la primavera. Aunque a veces las freesías me lo ponen complicado, me anima saber que nuestra cultivadora tiene especial pasión por nosotros, los tulipanes. Espero no defraudarla.
Nos veremos en el momento del cultivo.